Dra. Romina Durán
💸El Significado de la Impresión Monetaria: El arma de guerra que hoy apunta al pueblo
Para quienes ya leyeron la historia, la pregunta no es si puede repetirse… sino si ya está ocurriendo.
En plena Segunda Guerra Mundial, mientras las bombas estallaban sobre Europa, se gestaba en las sombras una operación menos estruendosa, pero no menos letal: la Operación Bernhard. Su objetivo no era destruir ciudades ni aniquilar ejércitos, sino socavar la confianza en una moneda, y con ella, hundir una nación.
La Alemania nazi lanzó entonces la que sería la operación de falsificación más ambiciosa de la historia: miles de prisioneros en campos de concentración fueron forzados a imprimir millones de libras esterlinas falsas con una precisión milimétrica. El plan era simple y devastador: inundar el mercado con moneda falsificada, generar inflación, erosionar el poder adquisitivo del pueblo británico y destruir su economía desde dentro.
Era un acto de guerra. Silencioso. Sistemático. Mortal.
Pero… ¿qué pasaría si ese mismo mecanismo no fuera usado por un enemigo externo, sino por el propio gobierno de una nación contra su gente? ¿Qué ocurre cuando el poder político decide encender la máquina de imprimir billetes no para financiar una guerra legítima, sino para financiar su populismo, su déficit perpetuo, sus clientelismos, sus errores?
Lo que en 1945 se llamó “Operación Bernhard”, hoy podría llamarse con más cinismo: “Política monetaria expansiva”.
Porque en su esencia, la lógica es la misma: crear dinero sin respaldo, degradar su valor real, y trasladar el costo —el más brutal de los impuestos— a los bolsillos de los ciudadanos. No hace falta una Gestapo ni una invasión. Solo un banco central obediente y una clase política irresponsable.
La inflación no es un misterio ni un accidente. Es un robo legalizado. Es el saqueo institucionalizado del ahorro, del salario y de la dignidad de quienes no tienen cómo resguardarse. El jubilado que cobra menos cada mes. El joven que no puede ahorrar para su futuro. La madre que ya no llega a fin de mes. Todos ellos son víctimas de una guerra sin uniformes, pero con las mismas consecuencias que un bombardeo: miseria, desconfianza, desesperanza.
Y lo más trágico es que, como toda arma que se usa contra el propio pueblo, la inflación mina el contrato social y erosiona la democracia. Porque ¿qué credibilidad puede tener un régimen que destruye su moneda? ¿Qué autoridad moral puede reclamar un Estado que, bajo la excusa de ayudar, hunde a su gente en la pobreza?
Quien entienda la Operación Bernhard, entiende que la falsificación masiva de moneda fue un acto de agresión externa. Pero quien abra los ojos hoy, verá que la emisión monetaria sin control, llevada a cabo desde los propios gobiernos, es la versión moderna y autoinfligida de aquella misma táctica de destrucción.
¿Podría un país usar esta arma de guerra contra su propio pueblo?
Sí.
Y si vivís en América Latina, ya conocés la historia.
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