ALU

Lic. Saka

Navegando el Caos: El camino Libertario

Hace años, el libertarianismo en Uruguay participa en el debate político, centrado en la libertad individual, el libre mercado y el Estado mínimo. Pero crecer en un país con fuerte confianza en el Estado es un desafío, también amplificado por obstáculos internos, no solo por el celo ideológico necesario para consolidar su identidad, sino por oportunismos y desviaciones de quienes, por intereses personales o enemigos comunes, se suman sin compartir la esencia libertaria.

Resulta claro que para superar lo testimonial y ganar relevancia política, es necesario ampliar la base mediante alianzas con sectores de “derecha”, especialmente aquellos desencantados con los partidos tradicionales. Sin embargo, estas alianzas ofrecen oportunidades, pero también riesgos para un movimiento aún inmaduro y con falta de liderazgo claro. Somos testigos como ciertas personalidades han adoptado posturas como el patriotismo, el nacionalismo o visiones religiosas, junto con una militancia performativa que roza las fobias, poniendo en riesgo el núcleo de nuestras ideas, que nunca debe dejar de defender el proyecto de vida de los demás, aceptando su diversidad.

Significa por tanto un riesgo el apoyar figuras o sectores que, pese a compartir cierta retórica antiestatista, promueven visiones discutibles. Las alianzas tácticas con conservadores son viables si se centran en objetivos específicos, como defender el libre mercado o reducir impuestos, pero sin comprometer principios. La clave es priorizar la coherencia sobre el oportunismo, marcando diferencias cuando sea necesario. Debemos tener presente que la lucha contra el progresismo no se debe confundir con una lucha contra el progreso.

Por otro lado, el libertarianismo corre el riesgo de aislarse si no conecta con sectores liberales más amplios que apoyan el libre mercado, pero rechazan posturas radicales, y fueron cooptadas por la socialdemocracia. Exigir pureza ideológica limita la formación de una coalición sólida en un país con tradición estatista, despreciar a aliados por matices reduce las chances de éxito, cierra la puerta a que más personas descubran las ventajas de mayor libertad y refuerza la percepción de sectarismo. La libertad debe concebirse como un tren hacia un destino lejano: no todos llegarán al final, pero pueden compartir gran parte del camino.

Capítulo aparte para cierta militancia que recurre constantemente a insultos o agresividad como parte de una performance que parece ser un intento desesperado por lograr identidad política, donde pretenden validar su pertenencia mediante actitudes extremas. Este comportamiento, motivado por miedo a ser excluido, o directamente a un desorden psicológico, lleva a una escalada de posturas asfixiante. Defender los principios libertarios no requiere como condición la agresión, mucho menos si esto sustituye los argumentos. La radicalización vacía, que prioriza la provocación sobre el compromiso, no hace otra cosa que dañar la credibilidad, y excluir gente.

Tenemos que aceptar que el liberalismo es diverso, y tiene foco en el individuo, lo que puede generar confusión. La fragmentación entre grupos libertarios, divididos por personalismos o purismos, solo logra reducir su influencia frente a otras fuerzas políticas consolidadas. Es posible y necesario crear espacios de diálogo, como foros académicos o instancias sociales, resulta esencial coordinar esfuerzos sin exigir uniformidad. En este sentido la izquierda uruguaya, pese a sus diferencias, ofrece un ejemplo de éxito, logró unidad y consenso mínimo para avanzar. El libertarianismo, sin homogeneizar, debe fijar objetivos comunes y cultivar camaradería que supere las diferencias.

En conclusión, el libertarianismo en Uruguay puede ser una alternativa al estatismo dominante, sin transformarse en una idea “de culto”, pero para ello debe superar la polarización, la fragmentación, el aislamiento, la incoherencia y una cierta “neurosis”. Requiere claridad argumentativa, unidad interna, alianzas amplias, consistencia en principios y un discurso inclusivo, pero firme. Solo así conectará con los uruguayos y se posicionará como una fuerza relevante en el debate público.

Los libertarios contamos con la fortaleza de defender principios que han transformado el mundo, como son el libre comercio y la libertad individual. Estas Ideas han sido el motor de una reducción histórica de la pobreza, una mayor diversidad como consecuencia del respeto del individuo y un desarrollo sin precedentes de la prosperidad, generando riqueza que también ha sentado las bases para una sociedad con una mayor capacidad para responder a las necesidades de los que menos tienen. No nos demos el lujo de perder esta hermosa oportunidad para seguir demostrando quién está del lado correcto de la vida.

ASOCIACIÓN DE LIBERALES DEL URUGUAY

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