La ley, ¡pervertida! La ley y tras ella todas las fuerzas colectivas de la nación, ha sido no solamente apartada de su finalidad, sino que aplicada para contrariar su objetivo lógico. ¡La ley, convertida en instrumento de todos los apetitos inmoderados, en lugar de servir como freno! ¡La ley, realizando ella misma la iniquidad de cuyo castigo estaba encargada! Ciertamente se trata de un hecho grave, como pocos existen y sobre el cual debe serme permitido llamar la atención de mis conciudadanos.
Frédéric Bastiat (1850)
Estaba cursando mi segundo año de Preparatorios de Ciencias Económicas y al año siguiente debía decidir qué carrera seguir entre las que ofrecía la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de la República. Le pedí orientación a mi padre, de quien heredé el gusto y la habilidad con los números, y me dijo que no podía ayudarme a elegir, pero que conocía a alguien de la Asociación Cristiana de Jóvenes, con quien jugaba a la paleta argentina, que sí podría hacerlo.
Era una noche del invierno de 1973. No recuerdo la fecha exacta, pero fui puntualmente a una dirección que había escrito mi padre junto con el nombre de su compañero de trinquete. Luego de una larga conversación en su maravillosa biblioteca, esa noche me quedó claro que iba a estudiar economía y comenzó una relación con quien fuera sucesivamente mi mentor, profesor, compañero de deporte y querido e inolvidable amigo, el doctor Ramón P. Díaz.
Al despedirme esa noche, para que me iniciara en el estudio de la economía, me prestó un corto ensayo de Frédéric Bastiat escrito en 1850 y titulado La ley. Me dijo que debía leerlo y devolverlo en dos semanas si quería continuar recibiendo sus libros prestados. Prometí hacerlo, con el escaso valor que tiene la palabra de un adolescente, pero cumplí y fue el primero de muchísimos libros que recibí en préstamo hasta que pude empezar a comprar los míos. Sin entender muy bien por qué, me sugería un libro sobre leyes, lo leí con mucha atención.
Los lectores habituales quizás recuerden la importancia que asigné en mi columna anterior al marco institucional, en otras palabras, la acumulación de leyes y regulaciones a través del tiempo. Para que una sociedad salga de la pobreza, el marco institucional es esencial, y Bastiat afirmaba que el marco institucional más justo es dejar a los individuos en libertad para cooperar en forma voluntaria intercambiando su trabajo, producción y propiedad con un gobierno dedicado estrictamente a la protección de la individualidad, libertad y propiedad de dichos individuos. Aquí estaba la razón detrás del préstamo de La ley a un futuro estudiante de economía.
Las críticas que hacía Bastiat al proceso legislativo de su país son mucho más relevantes hoy que entonces y son válidas casi en forma universal. Bastiat afirmaba que la ley no era más que la organización colectiva del derecho de legítima defensa. Limitada a este objetivo la ley, el resultado sería un gobierno justo al que no habría nada que reclamarle. El éxito o fracaso de la sociedad dependerá de los ciudadanos, sus recursos y sus talentos y habilidades. Pero existe en la naturaleza de los individuos la tentación a vivir sin esfuerzo propio; del esfuerzo de los demás. Basta hacer un recorrido superficial por la historia universal para encontrar múltiples ejemplos. También existe otra característica de las personas que lleva a la falsa caridad a través de la ley. La caridad no puede empezar con un acto de apropiación de los recursos de otros.