Dr. Héctor. G. González Cabrera
Wind of Change
Aquel sencillo publicado por la banda de rock alemana Scorpions en el año 1991 hacía referencia al declive de la Unión Soviética tras la caída del muro de Berlín, inspirada en la apertura y la esperanza de una nación sumida en la penuria a causa de un régimen que durante años administró miserias.
Hoy, los mismos acordes y vientos de cambios golpean de frente a la hermana República de Venezuela, llamarla de esa forma no es antojadiza, pues es su verdadero nombre, no el que desde 1999 a base de figuras históricas el primero de dos dictadores, Hugo Chávez, impuso para darle legitimidad a un régimen que desde sus inicios anunció su trágico final.
Este epílogo llegó 27 años después, 27 largos y duros años que el pueblo venezolano tuvo que soportar a base de populismo, viendo como sus riquezas se esfumaban en un reducido grupo de personas, mientras la población fue perdiendo poco a poco la poca dignidad que cada año le iba quedando.
Durante todos estos años se ha producido un éxodo de ciudadanos venezolanos que han tenido que abandonar sus familias y hogares, por miedo, hambre, por buscar un mundo mejor o tan siquiera una oportunidad. 8 millones de personas, más del doble de la población de Uruguay, que no han visto otra posibilidad que abandonar la tierra que los vio nacer.
Sobran las palabras de este uruguayo que nunca ha pisado suelo venezolano y que no tiene autoridad moral alguna para ni siquiera sentarse a hablar con uno de esos 8 millones sobre lo que han sufrido, más que escuchar y luchar para que el comunismo no se instale en estas tierras.
Frente a esta emigración masiva, hoy la política uruguaya se manifiesta de una forma simplista, desalmada y calculadora. El Partido Nacional redacta una declaración en un tono de gris eterno, que lo posiciona en el lugar de centro izquierda en el que se siente cómodo, condeno esto, pero me solidarizo con lo otro. Que Maduro era un dictador, pero que los medios no son los correctos.
Las urnas no han sido la respuesta, hace un año y medio, Nicolás Maduro desconoció el voto popular erigiéndose como el dictador que era, no aceptó haber sido derrotado, no aceptó que la gente le grite en la cara que se trata de un corrupto, y narcodictador.
Desechó la victoria de Edmundo González, para alzarse con un traje de vencedor que nunca le entró, ni siquiera, cuando fue votado luego de que su mentor falleciera.
Por otro lado, el Frente Amplio y su brazo ejecutor, el PIT CNT, cómplices del régimen dictatorial, de quien nada se podía esperar, pero la realidad demostró que cayeron aún más bajo, movilizando a personas en plazas públicas para condenar a Donald Trump y Estados Unidos, mientras ondeaban banderas de Palestina en la protesta, como si una causa no fuera suficiente y el barullo ideológico no dejara pensar.
Cuando es amigo, se lucha contra el imperio, cuando es amigo, no hay presos políticos, cuando es amigo, no importa el hambre de millones de personas, el desabastecimiento ni los éxodos masivos, todos los fines justifican los medios de la izquierda.
Quizás hoy no suene el silbido de la canción, pero como hace poco más de 36 años, vientos de cambios vuelven a soplar, sin canciones ni promesas, pero con cansancio, memoria y dignidad. Que ese viento sea un huracán de libertad, será responsabilidad de todos nosotros.
ASOCIACIÓN DE LIBERALES DEL URUGUAY
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