ALU

Fernando Doti

Elogio de la Ignorancia

Recientemente se conocieron las afirmaciones de la ministra de salud, quien sostuvo que “El mercado no puede ser el que regule”, diciendo que “se podría pensar en topear salarios” de los médicos. Todo ello en el contexto de querer mejorar el funcionamiento del fallido y mal concebido S.N.I.S. (que nunca debió existir). Estas afirmaciones constituyen un disparate mayúsculo, que revela la ignorancia en temas básicos, acerca de cómo funciona el sistema de precios. Primeramente, debe decirse que el salario es uno de los tantos precios de la economía. El sistema de precios libre, no intervenido, es el que permite la más eficiente asignación de los siempre escasos recursos, para un mejor aprovechamiento de los mismos. ¿Pero qué sucede cuando la política interviene? Se genera una distorsión o alteración en el sistema de precios, el cual ahora, a partir de la intervención de la política se ve artificialmente alterado, ya no de acuerdo a las valoraciones de la gente, sino de las preferencias del burócrata de turno. El control de precios que propone la ministra al topear salarios de los médicos, de instrumentarse, está condenado al fracaso, inexorable e irremediablemente.

Los precios en el mercado, cumplen una función de limpieza, es decir, son los que se encargan de regular los desfasajes que puedan existir entre la oferta y la demanda de un determinado producto. Si hay demasiada oferta de un producto determinado, es porque su precio de mercado es alto. Por el contrario, si la demanda de un determinado producto es muy alta, es porque su precio es bajo. El precio “intermedio” o el precio de ajuste, será el que finalmente logrará equilibrar la situación.

Los precios máximos (eso constituye topear salarios) como lo que propone la ministra, implican que por disposición gubernamental un producto o servicio no pueda venderse más allá de precio tope fijado por ley. En otros términos, existe la prohibición de vender (en el mercado formal) por un valor por encima del fijado por el Estado, el cual, acto seguido sale a controlar a través de sus agentes y de organizaciones afines, que tal disposición se cumpla, imponiendo severas sanciones a los comerciantes incumplidores. Toda esta maraña intervencionista, eso sí, se hace en nombre del pueblo, puesto que, supuestamente el Estado con este tipo de medidas cuida y protege a los consumidores.

El precio máximo artificialmente fijado por los políticos, por lo general está por debajo del precio de mercado. Lo que va a suceder es que, la oferta del producto que tiene precio máximo estará topeada. En ese caso la demanda por el producto será persistente, al tiempo que, la señal enviada al productor de dicho artículo será de desestimulo a la producción, puesto que la ganancia estará topeada. Ello acarrea como consecuencia inexorable la escasez del producto, toda vez que, no hay estímulos para su producción y la demanda permanece incambiada y más temprano que tarde, insatisfecha. Un claro ejemplo de control de precios máximos, fue lo que sucedió con el alcohol en gel y productos de la canasta básica durante la pandemia. Como expresáramos, la formación de los precios se determina por la oferta y la demanda. Cuando el Estado fija precios, además de provocar una distorsión del sistema de éstos, se atenta contra la libertad de las personas. 

Si se fija un precio por ley inferior al de mercado, enseguida surgirán más personas queriendo comprar, en comparación con las que están dispuestas a vender. Ello genera escasez, porque no hay suficiente cantidad de bienes para todos a ese precio. En un escenario de oferta y demanda libre, el mercado (la gente) lo autorregula, pero en este otro supuesto de hecho que manejamos, no. Siempre que se establece un precio máximo a través del uso de la fuerza del Estado, por debajo de lo que fijará el mercado, habrá escasez. Esto a su vez generará dos fenómenos. Uno de ellos será que se mata el incentivo al emprendedor, porque están topeadas las ganancias. El otro es que se generará en paralelo un mercado negro, que será el que solucionará el desabastecimiento, pero, a un costo mucho mayor que el topeado por ley. Generará amiguismo y violencia.

Los precios máximos no solo se advierten en las góndolas de los supermercados. Existen otros precios que también están topeados y generan las mismas situaciones distorsivas. Tal es el caso de las tasas máximas de interés, que es lo mismo que decir, el precio final que se cobra por prestar el dinero, circunstancia que no debería existir, liberándose las tasas de interés como alguna vez sucedió en nuestro país en el siglo XIX. Por ello tenemos los problemas que tenemos en este tema.

Si algunos profesionales médicos ganan mucho, es porque lo que ofrecen (su especialidad) es escasa. Es entonces un problema de oferta, no de quien presta el servicio. Este tipo de propuestas generan los incentivos para que los mejores emigren. Así de simple.

El supuesto mal que se quiere evitar, se termina fomentando indirectamente. Los precios máximos nunca dieron resultado en la historia de la humanidad. Es una receta que viene fallando sistemáticamente desde hace más de 4000 años. Pero sin embargo, en el mundo paralelo de los políticos, parece ser que esta circunstancia, es desconocida. Parece ser que el mensaje para los médicos que ganan buenos salarios es: “Sus servicios son valiosos… pero no para este país“. Así, mientras la ministra celebra un “elogio de la ignorancia” con cada declaración, el único resultado que veremos no será un mejor sistema de salud, sino el vaciamiento paulatino de los quirófanos. Al parecer, la única oferta que aumentará bajo su gestión será la de pasajes de avión para los profesionales que decidan llevar su “precio” a mercados donde la lógica elemental no haya sido aún declarada ilegal.

ASOCIACIÓN DE LIBERALES DEL URUGUAY

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