Arq. Martin Plada
La otra cara del proteccionismo
Siendo uno de los países más caros de la región y con una presión fiscal de 31,5% del PBI, cualquiera estaría de acuerdo en afirmar que los uruguayos no necesitamos más impuestos. Esta afirmación cobra todavía más fuerza cada vez que vemos a qué se asigna el presupuesto estatal, tanto a nivel nacional como departamental: oficinas con funciones duplicadas, cargos políticos sin productividad, copetines…
Pero valerse del monopolio de la fuerza para extraerle poder económico a los sufridos trabajadores no es sólo injusto. Es también una mala medida para impulsar nuestro desarrollo económico. Decía Bastiat que «toda la diferencia entre un mal y un buen economista es ésta: uno se limita al efecto visible; el otro tiene en cuenta el efecto que se ve y los que hay que prever». Dejando de lado a aquellos que evidentemente persiguen intereses perversos, todo aquel que defiende las llamadas medidas “proteccionistas” cae en el error de los malos economistas.
Este es el caso de las propuestas que hemos escuchado para combatir el conocido como “efecto TEMU”. Desde el oficialismo plantean gravar con IVA a las compras en el exterior, mientras que desde la oposición (si corresponde llamarla así) han propuesto limitar el número de las franquicias anuales a una sola. Claramente nuestros gobernantes no consideran que los uruguayos debemos ser libres para comprar lo que consideremos mejor o más barato, independientemente del lugar de origen.
Esto podemos entenderlo, aunque no aprobarlo, comprendiendo que los políticos acostumbran a responderle mejor a quienes financian sus campañas que a sus propios votantes. Pero lo que no deberíamos permitir, es que se valgan de argumentos falaces para defender tal injusticia.
En palabras de Yamandú Orsi, gravar las compras en el exterior servirá para resolver “un tema de inequidad” reconociendo, con increíble franqueza, no saber si implica justicia. Por otra parte, el diputado nacionalista Pedro Jisdonian alega que limitar el número de franquicias protege empleos nacionales.
Pero lo que ellos (al igual que los malos economistas) no prevén son las consecuencias negativas de dificultar a la población la adquisición de artículos a mejor precio. Podemos mencionar aquí algunas de ellas.
En primer lugar, vemos un claro desincentivo a la competitividad. Los comerciantes locales que se dedican a la importación son premiados no por su productividad o precios, sino porque la ley castiga al comercio extranjero. Se da lugar así, al mantenimiento de oligopolios, al incremento de márgenes de utilidad y al deterioro en la calidad de los servicios. Esto, como podemos imaginar, repercute negativamente en el consumidor final.
También cabe señalar el efecto sobre la asignación de recursos. Mientras se ve que aumenta la recaudación estatal, lo que no se ve es lo que el ciudadano deja de gastar en otras cosas (educación, ahorro, inversión). Es la ya conocida “falacia de la ventana rota” que nos enseñó Bastiat. No debemos creer que destruir riqueza (rompiendo una ventana o creando impuestos) es algo bueno ignorando que esa riqueza habría tenido otro uso productivo.
Y no podemos olvidar otra nefasta consecuencia: encarecer aún más el costo de vida. El elevado precio de los bienes y servicios en nuestro país fue un tema recurrente en el último período electoral. Lamentablemente, nuestros políticos de turno parecen haberse olvidado de sus compromisos.
Entonces, ¿qué deberíamos pedirle al gobierno para enfrentar el efecto TEMU? Lo mismo que Diógenes de Sinope le pidió a Alejandro Magno: que se corra del medio. Y es que, al igual que aquel general macedonio le obstruía al viejo filósofo el paso del sol, el estado (disculpen la minúscula) nos obstruye el camino hacia nuestro desarrollo personal y económico. Mediante un entramado perverso de monopolios, oligopolios, impuestos, regulaciones y trabas burocráticas, entorpece la función empresarial. Quienes salen favorecidos son aquellos que, como diría un amigo, tienen mejores faros para caminar en esa bruma. Quienes salen perjudicados son, como generalmente pasa, los que más lo necesitan. Los pequeños comerciantes, los emprendedores y el consumidor final quedan rehenes de aquellos que pueden ejercer mayor presión sobre el poder político.
Los problemas que crea el estatismo no se solucionan nunca con más estatismo. La equidad debemos buscarla aliviando la carga para todos, no otorgando favores.
ASOCIACIÓN DE LIBERALES DEL URUGUAY
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