Lic. Evelyn Telis Caballero y Dra. Romina Duran Cajigas
El lugar de nacimiento y la ficción del “ciudadano global”
Uruguay, país pequeño pero históricamente celoso de su institucionalidad, dio en abril de 2025 un paso que para muchos pasó desapercibido, pero no para quienes observamos con atención la transformación silenciosa del mundo.
El Estado resolvió eliminar del pasaporte el lugar de nacimiento. La medida fue presentada como una inocente “adecuación técnica” a los estándares internacionales de Naciones Unidas.
Pero quienes ya no comulgamos con la narrativa oficial —esa liturgia laica del consenso global— sabemos que cuando una decisión se disfraza de trámite, conviene mirar qué ideología se esconde detrás del telón.
¿Por qué eliminar el origen?
Ese dato sencillo —“Montevideo”, “Paysandú”, “Artigas”— no era una mera formalidad. Era una raíz escrita en papel, una declaración silenciosa de pertenencia. Era un vínculo con el suelo, con la historia, con el acento de la infancia y el color de la bandera.
Quitarlo no mejora la seguridad. No agiliza trámites. No previene delitos.
Lo que sí hace —sutil pero profundo— es desdibujar la identidad territorial.
Un trazo más en el proyecto de ingeniería social que busca reemplazar a los pueblos por masas, y a los ciudadanos por consumidores obedientes del relato planetario.
El “Global Citizen”: la nueva máscara del desarraigo
La figura del Global Citizen suena moderna, progresista, bienintencionada: alguien que trasciende fronteras, que piensa globalmente, que actúa por el “bien común del planeta”.
Pero debajo del marketing hay una lógica inquietante: Un ciudadano global es un sujeto sin patria, sin bandera, sin pasado, sin resistencia. Es el habitante ideal del nuevo orden global: no exige soberanía, no defiende tradiciones, no tiene un lugar por el que luchar… ni una tierra a la cual volver. El “ciudadano global” como engranaje económico del colectivismo internacional.
Desde una mirada liberal, este intento de borrar el origen también tiene consecuencias económicas: cuando se debilita la identidad, se debilita la soberanía individual.
Un ciudadano sin arraigo es más fácil de uniformar, de regular, de controlar. Ya no es un sujeto libre que defiende su propiedad, su trabajo, su cultura productiva local, sino un consumidor genérico que acepta sin chistar las reglas de un mercado intervenido por burócratas supranacionales.
Porque cuando todo se vuelve global, el poder deja de estar cerca. Y cuando el poder se aleja, el individuo pierde. Lo que se presenta como inclusión, en realidad es sumisión.
La verdadera libertad económica nace desde lo local, donde cada quien puede elegir, producir y comerciar sin intermediarios ideológicos.
Reprogramar desde el documento
Eliminar el lugar de nacimiento no es un acto neutral. Es una señal. Una preparación del terreno. Es el equivalente simbólico de borrar el punto de partida de un mapa: sin inicio, no hay camino; sin origen, no hay destino.
Y cuando todo sea global, nada será propio. Ni la casa, ni la historia, ni el idioma, ni los hijos.
Por eso defendemos lo local. Porque en un mundo que quiere fundirlo todo en una masa uniforme, recordar de dónde venimos es el primer acto de libertad.
ASOCIACIÓN DE LIBERALES DEL URUGUAY
- Vida
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- Propiedad