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Lic. Evelyn Telis

Análisis del libro Estados Unidos contra Estados Unidos

Estados Unidos cuenta con una rica historia liberal que merece ser analizada. Aunque más allá de sus orígenes, Estados Unidos no escapa al avance del estado, a los políticos demagogos y a los colectivos que buscan, a través de él, perpetuarse en el poder. Como lo entendieron los padres fundadores, el enemigo de la sociedad es el estado y el desafío de esta, es la “eterna vigilancia” o sea, una sociedad consciente del peligro constante del poder monopólico.

En estos casi 250 años de historia, este país ha vivido diferentes etapas, las cuales fueron alejando a su sociedad de los valores fundacionales y hoy vemos un Estados Unidos lejos de su apogeo y de lo que lo ha hecho grande. El Libro que intentaré analizar “Estados Unidos contra Estados Unidos” del profesor Alberto Benegas Lynch (h), nos dará ciertas pautas de cómo se ha ido desarrollando ese proceso.

Retrotraernos a las causas de la independencia de Estados Unidos, es un buen punto de partida y esas causas principalmente tuvieron que ver con impuestos. El 16 de setiembre de 1773, tuvo lugar “El motín del té”, en Boston. Una protesta contra los impuestos a las importaciones provenientes de Gran Bretaña.
La capacidad de las sociedades de rebelarse frente al poder absoluto de los gobiernos, fue un valor que con el pasar del tiempo se ha ido perdiendo. “La declaración de la Independencia enfoca el tema de los derechos y el gobierno en su debida secuencia e importancia relativa.

Primero se refiere a los derechos inalienables y luego alude al gobierno para preservar esos derechos y señala que: “Cuando cualquier forma de gobierno se torna destructiva para esos fines, es el derecho de la gente alterarlo o abolirlo e instituir un nuevo gobierno, estableciendo su fundamento en aquellos principios. En otros términos, el gobierno estadounidense se basa en la noción iusnaturalista de los derechos inherentes a las personas y, por ende, anteriores y
superiores a la existencia de todo gobierno.”

La puja constante entre el estado como garante de ciertos derechos y sus desbordes es y será siempre, la lucha entre el individuo y el colectivo. El federalismo como modelo de gobierno aplicado en Estados Unidos es de lo que existe, lo mejor, porque desconcentra el poder y lo reparte entre sus Estados miembros. Entendiendo que la única manera de lidiar contra los excesos políticos es justamente desconcentrando su poder y otorgando la capacidad de competir entre ellos, generando pesos y contrapesos necesarios.

En relación con este punto, es oportuno citar el siguiente concepto tantas veces mencionado por los padres fundadores: “Todos los mecanismos institucionales a los que nos hemos referido existen para preservar la vida, la propiedad y la libertad. Una tríada interdependiente, ya que para sostener y desarrollar la vida y para mantener la libertad, resulta indispensable que cada uno pueda usar y disponer de lo suyo, empezando por la propia mente y el cuerpo de cada cual, y desde luego lo ha adquirido legítimamente.”

Cuando se pierden esos pesos y contrapesos el poder burocrático estatal toma preponderancia y comienza un lento proceso de vulneración de las libertades individuales, es allí que se origina el declive. Dicho proceso, estará marcado por diferentes puntos de inflexión a lo largo de la historia, los cuales irán consolidando un rumbo cada vez más difícil de revertir.

El camino de descentralización federal, tiene como principales enemigos a todos aquellos -ya sea bien o mal intencionados- quienes abogan por la centralización.
Como ya mencionamos anteriormente, la concentración o centralización del poder trae como resultado, corrupción, burocracia excesiva y asociaciones político-privado en desmedro de la sociedad. Está claro que estos son procesos inherentes al ser humano y que no hay que desistir en la lucha por contenerlos. (La eterna vigilancia).

La desconcentración del poder, está estrechamente vinculada a las libertades individuales. Y es de relevancia tomarlo como un valor cultural a transmitir a futuras generaciones. Sin esta batalla cultural, estamos condenados a repetir los errores y ser rehenes de ciertas corporaciones y colectivos con ansias de tomar el control. En ese sentido Thomas Burke, escribió: “Cuanto mayor es la experiencia que adquiero, más fuerte es mi convicción de que el poder ilimitado no puede ser confiado a ningún hombre o a ningún grupo de hombres. El poder de todo tipo tiene una propensión irresistible a incrementarse, estas y muchas otras consideraciones me hacen desear vehementemente que el congreso sea muy bien definido y que existan fuertes controles. El poder siempre será abusado, a menos que los hombres estén muy bien vigilados y controlados por aquellos que no pueden modificar cuando lo deseen.”

 

A pesar de que en sus comienzos Estados Unidos fue un modelo de descentralización, ha ido transitando un lento e inexorable camino hacia lo contrario. En este sentido, la infiltración de ideas opuestas a las que originalmente dieron lugar a esta nación, llegaron a través de los intelectuales de la época y los centros educativos; situación que se arrastra hasta la actualidad
no solo en Estados Unidos, sino que también en todo occidente.

Como bien describe el autor de este libro, en este proceso existieron varios puntos de inflexión pudiéndose tomar como principio la guerra civil, donde el poder centralista gana su primera batalla. Una guerra civil que de nuevo tuvo como origen las cargas fiscales. Al respecto, lo dejaba muy claro Abraham Lincoln al responder cuando se le preguntó por qué no dejaba que el sur se retirase, su respuesta fue: “¿Dejar que el Sur se retire, de dónde sacaremos nuestros ingresos?” Pocas semanas antes de que se dispararan los primeros tiros de la guerra.

Ni bien comenzó la guerra, se sucedieron políticas tales como la intromisión del gobierno central en la educación, hasta entonces había sido administrada localmente. Esto impuso una visión que minimizó las autonomías de los Estados miembros. Al abandonar la neutralidad en los conflictos bélicos internacionales como se había dado en el siglo XIX y parte del XX, se marca otro punto de inflexión en el camino hacia el abandono de los principios fundacionales. Lefevre escribe al respecto “Desde la Primera Guerra Mundial en adelante, la propaganda ha conducido a aceptar que nuestra misión histórica en la vida, no
consiste en retener nuestra integridad y nuestra independencia y en su lugar intervenir en todos los conflictos potenciales, de modo que con nuestros dólares y nuestros hijos podemos alinear el mundo. La libertad individual sobre la que este país fue fundado y que constituye la parte medular del corazón de cada americano, está en completa oposición con cualquier concepción de un imperio mundial, conquista mundial o incluso intervención mundial.

En América del Norte el individuo es el fundamento y el gobierno un mero instrumento para preservar la libertad individual.” El gasto público, a partir de la Primera Guerra Mundial se disparó de manera descontrolada y como bien venimos analizando, el enemigo del individuo es la centralización del poder
monopólico que indefectiblemente viene de la mano con el aumento constante del gasto público. Las guerras son una de las mejores excusas para avanzar en las limitaciones de las libertades y después no retroceder.

Como ya se ha mencionado, las guerras marcan un punto de partida para el aumento del aparato burocrático, pero a su vez es muy importante entender que las guerras se deben financiar, entrando aquí otros dos puntos cruciales alejados de los fundamentos originales que son: la creación de la Reserva Federal (Banco Central) y el abandono del patrón oro. Estos dos factores fueron decisivos para sostener los siguientes conflictos bélicos.

No cabe duda que hubo un antes y un después de las guerras mundiales, pero sobre todo posterior a la segunda guerra. EEUU pasó a ser no solo la primera potencia económica, sino que también la primera potencia armamentística. A su vez consolidó con el acuerdo de Bretton Woods el dólar como moneda de reserva mundial anclado al oro. Todos aquellos parámetros de no intervención, de descentralización anti-imperialista, quedaron definitivamente sepultados. Y EEUU pasó a ser algo parecido a una policía global, apoyado por los nuevos organismos de planificación central creados al final de la segunda Guerra Mundial. (ONU, OEA, FMI, OMS, BM).

Como se ha venido mencionando, los problemas que acarrea el aumento del poder central en desmedro de las libertades individuales, provocan que el poder no pare de crecer, no solo en forma de burocracia nacional, sino también de burocracia supranacional. Este aumento de la burocracia y las regulaciones, impacta en todos los ámbitos cotidianos y del que hacer económico, como por ejemplo los procesos migratorios. Salvo algunas opiniones marginales, nadie cree que la inmigración de fines del siglo XIX y principios del XX haya sido negativa más bien lo contrario, aportó en positivo, a diferencia de la inmigración moderna que presenta grandes oposiciones. Siendo este país como muchos, hijo de la inmigración.

Este problema está estrechamente vinculado en primear instancia, con la consolidación a partir de la década de 1920 del estado de bienestar y con ello las primeras restricciones a la libre circulación (ejemplo la creación del pasaporte). Una vez más cabe mencionar que el avance del estado restringe las libertades individuales. Mayor estado es igual a menores libertades individuales, esta afirmación no admite el más mínimo análisis contrario.

Así como el avance del estado tuvo repercusiones en la inmigración, también las tuvo en los problemas que se generaron con las drogas a comienzos de la década de 1960 y posteriormente en el narcotráfico con todas sus implicancias. Aquí cabe destacar como ejemplo regulatorio, la ley seca de la década de los años 1920/1930 -prohibición del consumo de alcohol- que generó mercados negros y mafias. Una vez abolida dicha ley, el problema se terminó. Dejando en evidencia que el camino del prohibicionismo no resuelve problemas tales como las adicciones, por el contrario, los agrava.

Para ir concluyendo este breve análisis, es oportuno citar a Etienne de la Boétie, 1576: “Son, pues, los propios pueblos los que se dejan, o, mejor dicho, se hacen encadenar, ya que con solo dejar de servir romperían sus cadenas.”
En definitiva, son las personas en libertad que deciden su destino y no importa que los motive a tal cosa, sea desidia, ignorancia, o simplemente falta de interés, la elección siempre es y será entre esclavitud o libertad. Cuando tantas veces hablamos del sistema político como generador de la mayoría de los problemas, no deberíamos perder de vista que los políticos y las políticas aplicadas están
avaladas y forman parte de la sociedad, seamos conscientes o no, somos cómplices.

Si bien el autor de este libro, hace mucho hincapié en que “el liberalismo es un proceso en movimiento, un proceso continuo y en ebullición permanente, en el contexto de la evolución cultural en que estamos inmersos.” Como opinión personal creo que, si bien esto es cierto, los principios liberales son en definitiva un marco referencial de convivencia entre pares, que no estarían sujetos a interpretaciones o refutación. De la misma manera que “No matarás” “No hurtarás” son principios atemporales e inmutables, también lo son los principios liberales.

Sin duda que, desde la creación de los Estados Unidos basada en valores profundamente liberales hasta hoy, se ha ido transitando el camino opuesto al ir incrementando el poder político burocrático a través de aumentar el intervencionismo estatal.  A lo largo de todo el análisis, se ha intentado dejar claro que el problema, no solo es de Estados Unidos, sino que es un flagelo que se vive en todas partes.

El camino de la ingeniería social y económica que estamos recorriendo, se aleja cada vez más de la esencia del ser humano, dando como resultado un profundo deterioro social, espiritual y económico. “Trataremos de proceder en consecuencia e intentar la demostración de que lo que exponemos resulta más compatible con la naturaleza humana y bien alejado de una construcción artificial, ya que nada es más peligroso que las utopías basadas en diseños inventados por las letales ingenierías sociales de todos los tiempos.

Además, en ningún caso se sugieren contraproducentes y siempre peligrosos cortes drásticos o abruptos en la historia, sino debates abiertos al efecto de adoptar o rechazar los caminos propuestos, en el primer caso con la comprensión y aceptación de los interesados y en el contexto del necesario proceso evolutivo al efecto de tamizar, escudriñar y sopesar lo adecuadamente dicho.”

A modo de reflexión vale resaltar la importancia de la batalla cultural como la única herramienta para pensar un futuro mejor. John Stuart Mill afirmó “Todo gran movimiento debe experimentar tres etapas: ridiculización, discusión y adopción” (Nozick, 1907: 305), lo que va para todos los que como yo George Bernard Shaw se cuestionan aspectos del statu quo y proclaman en voz alta que “Algunas personas piensan las cosas como son y se preguntan ¿por qué? Yo sueño cosas que no son y me pregunto ¿Por qué no?.”

 

ASOCIACIÓN DE LIBERALES DEL URUGUAY

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