Fernando Doti
¿Por qué Uruguay es tan caro?
Recientemente en una nota de prensa el ministro de economía ODDONE, manifestó que “el Uruguay nunca va a ser barato. Ser un país barato implica que devaluemos la moneda, ese camino no va a ocurrir nunca, porque no va a haber nadie que deliberadamente procure recorrer ese camino dado los niveles de consenso… Es un hecho que un país pequeño es caro, porque proveer educación, salud, defensa y justicia para tres millones de habitantes es casi tan caro como para hacerlo para seis… eso es caro, si tuviera seis millones de habitantes lo podría distribuir entre más gente…”.
Sin perjuicio de la visión derrotista de quien debería aspirar a otra cosa en virtud del lugar que ocupa, debe decirse que no es verdad que, por ser un país pequeño con tres millones de habitantes, seamos un país caro. De igual modo, tampoco es verdad que haya que bajar sueldos para que seamos más baratos. Si el argumento esgrimido por el ministro fuera cierto, ¿cómo se explica que países con menor población que Uruguay como Estonia, Islandia, Malta o Andorra tengan un menor costo de vida relativo que Uruguay y mejores indicadores de competitividad y productividad?
El problema de ser caros, es que tenemos un Estado sobredimensionado hiper intervencionista, lo que termina incidiendo directamente en el encarecimiento del país. No es un problema de tamaño geográfico, sino de marcos institucionales, que son la clave de la prosperidad de las naciones. El marco institucional vigente hoy indica que el mal llamado “Estado de bienestar”, determina la existencia de altos impuestos y un fuerte endeudamiento que genera distorsiones institucionales, fiscales y regulatorias.
Por esa razón, es que tenemos baja productividad, incluso comparados con países más pequeños e incluso con menos población. ¿Qué es lo que determina el aumento de la productividad? La existencia de un nivel alto de capitalización y el nivel de desarrollo del capital humano. La existencia de bienes de capital permite elevar la productividad, trabajando incluso menos. Como sostiene el Profesor Benegas Lynch, no es lo mismo arar la tierra con las manos, que hacerlo con un tractor de última generación. Para que esto último sea posible, es necesario dar libertad económica a la gente, que ésta pueda ahorrar. Porque sin ahorro, no hay inversión posible y sin inversión, nunca habrá aumento de la productividad y, por tanto, no habrá crecimiento del empleo ni del nivel de salarios. Pero hablar de Libertad económica en Uruguay y sobre todo para el actual gobierno, parece una herejía. Por eso, así nos va. Nada es casualidad. La existencia de empresas públicas (que son una contradicción en los términos, porque una empresa es la que arriesga su propio capital y no el obtenido coactivamente, a la vez que soporta de su propio bolsillo las pérdidas) y de monopolios estatales impiden la competencia y trasladan sus ineficiencias al consumidor.
Para muestra, basta con recordar el asalto a mano armada que para la población constituyó la capitalización de ANCAP. Todos los monopolios, así como todos los subsidios existentes, tienen también un efecto altamente distorsionador en el sistema de precios que pasa su factura.
El ministro Oddone menciona salud, educación, justicia y seguridad, pero omite: Empresas públicas deficitarias, cargos políticos innecesarios, programas clientelistas sin evaluación de impacto, entre otros. Más Estado es sinónimo de más gasto y más gasto es sinónimo de más impuestos. Más impuestos, castigan el ahorro y por ende la inversión. La consecuencia lógica por tanto, es que somos caros. Más Estado es sinónimo de más pobreza. Si a usted le falta dinero en el bolsillo es porque le sobra Estado.
Ese “Estado presente” o de “bienestar”, como les gusta decir a los amigos del bolsillo ajeno, impone costos ocultos a los ciudadanos y empresas, que se ven reflejados en trámites lentos, cargas laborales, permisos, normativas innecesarias… todo eso encarece el producir y vivir. Y todo ello a quien más afecta es al ciudadano de a pie, a los pequeños emprendedores, que, como lógica consecuencia de la falta de ahorro y de inversión, están condenados a la inamovilidad social ascendente.
Uruguay es caro, es verdad, pero puede dejar de serlo. Pero para ello, es necesario correr el eje del debate de la discusión pública. No basta con cambiar cada cinco años, los actores de una misma película, es necesario cambiar el paradigma.
Ningún gobernante, ni los actuales ni los pasados, está dispuesto a dar la discusión para abatir el gasto público, causa primera de nuestros males, porque ello les implicaría una suerte de auto flagelamiento, salir de su zona de confort, de la corrección política, porque el gasto público es su negocio. Y, mientras todo esto se mantiene, pasan los gobiernos, pasan los años y los problemas siempre son los mismos y lo que es peor, las “soluciones” a esos problemas también son las mismas, esto es, las viejas recetas estatistas ya conocidas y ya fracasadas. La tarea de correr el foco de la discusión pública, no es faena para tibios, eso lamentablemente ya quedó demostrado en nuestro país.
Es hora de exigir cosas distintas, porque el segundero no para de correr y tenemos una sola vida.
ASOCIACIÓN DE LIBERALES DEL URUGUAY
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